Race Across France, con destino a Mandelieu: las palabras de ánimo que acompañaron a las participantes

Detrás de los kilómetros hay mujeres y hombres que viven esta aventura. Este año, cada noche, una voz se tomaba unos minutos para preguntarles simplemente: «¿Cómo estás?». Una iniciativa discreta que nos recuerda que, más allá del rendimiento, el factor humano sigue siendo el corazón de la Race Across France.

La carrera de 2.500 km es una aventura fuera de lo común. Durante varios días, las participantes y los participantes avanzan con semiautonomía. Se encargan de su alimentación, sus horas de sueño, sus descansos y su avance, a menudo solos ante el esfuerzo.

Desde el Puesto de Gestión Operativa (PGO), la organización supervisa constantemente a cada uno de ellos para garantizar su seguridad y acompañarlos a lo largo de toda la prueba.

Este año se ha prestado especial atención a las quince mujeres que han participado en la carrera de 2.500 km.

Participante en la carrera Race Across France de 2.500 km con destino a Mandelieu en 2026. © Robin Issartel

Más que una simple llamada

Cada noche, Anaëlle, miembro del PGO, se tomaba un rato para llamarlos.

Unos minutos de charla para preguntarles cómo estaban, saber cómo se sentían y ayudarlas a prepararse para la noche que se avecinaba.

Esas decisiones no tenían nada que ver con el rendimiento ni con la clasificación.

Su objetivo era sencillo: saber cómo estaban.

¿Cómo les había ido el día? ¿Habían comido bien? ¿Se sentían con energía? ¿Tenían pensado parar a dormir? ¿Dónde tenían previsto pasar la noche?

En muy poco tiempo, esos pocos minutos se convirtieron en algo mucho más que un simple seguimiento de la carrera.

Una escucha muy valiosa

Isabelle, participante en la carrera Race Across France de 2.500 km con destino a Mandelieu. © Robin Issartel

Anaëlle recuerda especialmente a Isabelle.

Durante la sesión informativa previa a la salida, Arnaud Manzanini había anunciado que cada participante recibiría una llamada diaria.

Desde la primera noche, Isabelle esperaba ese momento con impaciencia.

Cuando descolgó, su reacción llamó inmediatamente la atención de Anaëlle: esperaba esa llamada con impaciencia y su alegría era palpable.

Con el paso de los días, Anaëlle se dio cuenta de que esas conversaciones eran mucho más que un simple informe de situación.

Tras pasar varios días solas sobre la bicicleta, las participantes necesitaban hablar. Contar cómo les había ido el día. Compartir sus emociones, sus logros, pero también sus momentos de duda.

Algunas se reían.

Otros contaban que habían pasado por un momento difícil, una mala racha o un pequeño bajón.

Todas se marchaban con una sonrisa.

Y muchos lo reconocían: escuchar una voz femenina al otro lado del teléfono les hacía muchísima gracia.

Una fuerza colectiva

Cuando algunas se planteaban seguir pedaleando toda la noche, pero les daba miedo la idea de estar solas, se hacía un repaso de la situación de los demás participantes.

Si alguien circulaba unos kilómetros por delante o por detrás, esa información se les podía comunicar, de forma excepcional, para que pudieran acercarse a otros competidores.

El objetivo era únicamente hacer que se sintieran más seguros.

Las normas, por su parte, se mantuvieron sin cambios. Evidentemente, estaba prohibido aprovecharse del rebufo de otro participante, y la organización velaba con la máxima atención por el cumplimiento de esta norma.

Con el paso de los días, también se han ido creando nuevos hábitos.

Algunas participantes empezaron a quedar por las tardes para dormir en el mismo hotel. A la mañana siguiente, cada una se marchaba a su ritmo, pero esas pocas horas que pasaban juntas a veces bastaban para recuperar energías y ánimos.

El hecho de permitirse dormir unas horas cada noche también resultó ser beneficioso. Al estar más descansadas, retomaban el camino con mayor lucidez, más energía y ganas de continuar su aventura.

Otra frase se repetía casi todas las noches:

«Por ahora, ninguna mujer se ha rendido.»

A medida que avanzábamos, esa simple información se convirtió en una auténtica fuente de motivación.

Cada una sabía que formaba parte de un grupo de mujeres que seguían adelante a pesar de las dificultades.

Aunque estuvieran separadas por varios cientos de kilómetros, se había creado una auténtica fuerza colectiva.

Atención hasta en el más mínimo detalle

Productos de higiene menstrual de la marca JHO puestos a disposición de las participantes en las bases de apoyo de la Race Across France 2026. © Robin Issartel

Esta atención prestada a las participantes no se limitaba a las llamadas diarias.

Para esta edición, Race Across Series se ha asociado con JHO, una marca francesa de productos de higiene íntima fabricados con algodón ecológico, con el fin de poner a disposición de forma gratuita productos de higiene menstrual en los aseos reservados a las mujeres en las bases de apoyo.

Dado que una carrera de ultradistancia no supone dejar de lado la vida cotidiana, era fundamental que cada participante pudiera encontrar in situ productos de higiene femenina si los necesitaba, sin tener que preverlo con antelación ni llevar más material.

Este gesto puede parecer insignificante, pero responde a una necesidad muy real. En una aventura en la que cada gramo cuenta y en la que los días se suceden durante varias jornadas, poder contar con este tipo de servicio supone una verdadera comodidad y permite a las participantes concentrarse plenamente en la carrera.

Un detalle sencillo que pone de manifiesto la voluntad de Race Across Series y JHO de hacer que las carreras de ultradistancia sean más accesibles, más tranquilas y más atentas a las necesidades de todas las participantes.

El ser humano, en el centro de la aventura

A lo largo de toda esta aventura, no se trataba solo de participar en una carrera.

Lo importante era estar presente.

Escuchar.

Para tranquilizar.

Animar.

Ser esa vocecita que te devuelve la confianza cuando el cansancio puede más que el ánimo.

Eso es también parte del espíritu de Race Across Series.

Crear retos extraordinarios y, al mismo tiempo, hacer que cada participante sepa que puede contar con la organización cuando las cosas se pongan difíciles.

Porque, aunque estuvieran solas en sus bicicletas, nunca estuvieron realmente solas.

Después de recorrer cientos de kilómetros, no solo se recuerda la distancia recorrida.

También recordamos a las personas que estuvieron ahí en el momento adecuado, a veces simplemente con una llamada de unos minutos.

Una participante en la carrera Race Across France de 2.500 km sonríe al llegar a Mandelieu. © Robin Issartel

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